Sabes el placer que siento cuando oigo tu voz, cantando cada noche una nueva melodía llena de notas sensibles, frágiles e incluso ténues, que al rozar contra mi piel, hacen erizar los tensos pelos del cuerpo. Y aunque haya distancia entre nosotros, ya no estamos sólos, siempre estará el recuerdo de cada canción, y con el, cada noche que pasamos juntos.
Ahora por las mañanas me despierto sólo; ¿dónde estás? Siempre a mi lado, claro, en mi mente está tu recuerdo y en mi alma las ganas de volverte a ver.
Sólo ha llegado una luz a mi pozo, y busco salir de él para poder ver todas las demás, esas otras luces que te acompañan, las que terminan de dibujar los últimos detalles de tu piel. Esa claridez con la que queda dotada el cuadro nunca se perderá, siempre ha estado y también ha pasado a formar parte de mi ser. La seguridad y la hermosura que me produce tu mirada consigue apaciguar mis aguas, permitiéndome escuchar el silencio dentro de mí, escuchando, sólo un cantó.
Seguro que ningún otro ser ha apreciado o deseado tánto algo, como yo te aprecio y deseo tantas noches. A tí, la cosa más bonita del mundo; me has dado tu luz, me has dado tu voz, y yo he caido en tu hechizo, entendiendo que siempre estarás ahí, que siempre tendré tu luz, la luz que me ilumina el camino.
Te quiero, cántame otra canción, esta vez que me haga entender el amor que hay entre tú y yo. ¿No oyes palpitar mi corazón? Esta lleno de vida, ganas e ilusión, aunque sobre todo espectante por sentir de nuevo tu canción.
Eres tú...♥
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