miércoles, 11 de marzo de 2015

Adicción oral y textual.

No tengo la costumbre de fumar, pero escribo diciendo que fumo, porque a veces siento que decir tu nombre es una cosa adictiva y soltarlo al aire es liberarme un poco de tus toxinas. Me llenas el cuerpo y en ocasiones me lo relajas, aunque la mayoría de las veces solo para dejarme un sabor amargo en la boca, que se confunde con la complejidad de tus componentes químicos, que provocan reacciones aleatorias e impredecibles en mi vida.
Digo que fumo, cuando en realidad solo me quedo pensándote con la boca abierta asemejándome a un pez que ha sido retirado violentamente del agua. Sí, como ese pez, yo también me estoy muriendo por nadar, nadar en sus aguas, para luego reposar cómodamente entre sus caderas...



Comencemos con besos, ven, yo me recojo el cabello y me desnudo para ti, dejo mi piel al descubierto para que puedas tocarla con tus labios. Quiero sentir cómo vibra mi cuerpo al compás de tu suave contacto, ve dibujando figuras en mi espalda, pasa tu lengua delicada y excitante por mi geografía, sigue las curvas y los caminos, ve sintiendo cómo se va abriendo paso en mí el deseo con tus lamidas...
Comencemos con besos, antes de pasar a las posiciones sexuales, las penetraciones bruscas, el vaivén rítmico de nuestros cuerpos, semejantes a navegar por un mar tempestuoso, empecemos por la ternura antes de estallar en gemidos, arañazos y jadeos.
Comencemos por el principio, así como se inició nuestro noviazgo, con timidez y mucha dulzura, descubriéndonos, amándonos...
Comencemos por el juego previo, antes de la gran jornada pasional que nos dejará agotados y contentos.


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